El último adiós
siempre es el que más duele,
quizás porque nunca se cree
que con palabras
se rompa una eternidad
o la ilusión de tenerla.
El último adiós
no tiene tiempo ni lugar
tampoco destinos que entrecruzar,
quiebra los suspiros
y el dulzor de los besos
que no se darán más.
El último adiós
no se piensa, se llorá
como una tormenta
que seca tu alma
dejándola vacía y sin sentido.
El último adiós
no les compete a los amantes
sino a los corazones que anestesian el dolor,
a las lágrimas que sangran
la utopía del sin sentido
y al amor que quebranta los destinos
anunciando su dolor.
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